martes, 23 de abril de 2013

"Los Chicos" y LA BLANCA DOBLE (III)

Uno de los problemas con que tuvo además que enfrentarse esta singular obra fue el de la censura. Así, en algunas capitales de provincia como Las Palmas, topó con la intransigencia del obispo de aquella ciudad, monseñor Antonio Pildain, quien intentó por todos los medios posibles prohibir su exhibición en la capital canaria; sin embargo, no pudo hacer nada al respecto, aunque eso no quitara para que las señoras de Acción Católica se apostasen junto a la taquilla del teatro para, de rodillas y con el rosario en la mano, pedir la salvación de las almas de todos aquellos que acudían a la representación[1].
 
 
 
Pero, ¿a qué se debió el descomunal éxito de La Blanca doble? Pudieran ser a sus pegadizas melodías, populares y simples efectuadas con un regusto castizo muy bien trabajado por el maestro Guerrero, o por los actores que la estrenaron (Tomás Zorí, Fernando Santos, Manolo Codeso, Mary Campos, Isabelita de la Vega, Pilarín Bravo, Encarna Abad) o incluso por su argumento, aunque bien podría ser que todo ello unido provocase la leyenda de esta singular obra. En ella, además, intervenía una jovencita Florinda Chico como vicetiple quien, en el número de “Las bomboneras” solía repartir bombones a sus familiares, que se encontraban en el patio de butacas, con lo cual, la comida del día ya estaba salvada[2].
 


[1] Vid. FEMENÍA SÁNCHEZ, op. cit., págs. 283-290.
[2] Ibídem, LAGOS, Manuel, pág. 207. Esta misma artista cuenta en sus memorias cómo conoció al maestro Guerrero y entró a formar parte del elenco de La Blanca doble en 1947: “En el bautizo de un sobrino mío conocí al añorado maestro Guerrero. Al verme comentó: “Qué chica tan mona. ¿Es de teatro?” “Ojalá”, dije yo. Se me acercó y me dijo que me presentara en el Teatro de La Latina a las cuatro de la tarde al día siguiente. Alí estaba en el teatro donde se representaba La Blanca doble, cuyos protagonistas eran Zori, Santos y Codeso. El maestro Ramírez me hizo una prueba y me dijo que debutaba a las siete de esa misma tarde. Me ayudaron a maquillarme Mari Loli Cabo, la viuda de Gila, y Manolita Ruiz. Me pusieron casi como un payaso, quizá para ue no triunfara, pero salí y triunfé en dos números: “Las bomboneras” y “Tigresas”. Al día siguiente me citó el maestro Guerrero, quitó a una chica de cada número y me puso a m´en todos ellos”. Vid. PÉREZ MATEOS, op. cit., pág. 66.

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